Input your search keywords and press Enter.

China estudia 5.000 terremotos durante los últimos 35 años y encuentra 174.929 señales de la existencia de 6 estructuras desconocidas

Un nuevo mapa sísmico elaborado mediante aprendizaje automático revela anomalías profundas cerca del límite entre manto y núcleo, ofreciendo pistas inéditas sobre la compleja dinámica del interior de la Tierra.

Los datos sísmicos sirven para estudiar el interior de la Tierra (Edward Garnero y Mingming Li/Universidad Estatal de Arizona)

China ha recurrido a más de 2 millones de registros sísmicos obtenidos durante 35 años para mirar hacia uno de los lugares más inaccesibles del planeta: el límite entre el manto y el núcleo terrestre. El análisis, desarrollado por investigadores de la Academia China de Ciencias y publicado en Journal of Geophysical Research: Solid Earth, empleó aprendizaje automático para rastrear señales extremadamente débiles generadas por terremotos. El resultado permite reconstruir con una precisión inédita parte de la compleja arquitectura que permanece oculta a unos 2.900 km bajo la superficie.

Los científicos centraron su búsqueda en unas ondas conocidas como precursores PKP, pequeñas señales que llegan a las estaciones sísmicas poco antes que otras ondas mucho más intensas. Su origen se relaciona con la dispersión que experimentan las ondas al encontrarse con cambios en las propiedades de los materiales cercanos al límite entre el núcleo y el manto. Precisamente esas desviaciones funcionan como una especie de radiografía indirecta de regiones imposibles de alcanzar mediante perforaciones.

Encontrarlas, sin embargo, suponía hasta ahora una tarea especialmente compleja. Los precursores PKP son tan débiles que tradicionalmente debían localizarse mediante revisiones manuales de los registros sísmicos, un procedimiento lento y sujeto a discrepancias interpretativas. Para superar esta limitación, el equipo chino entrenó un sistema de aprendizaje profundo capaz de clasificar la calidad de las señales y determinar cuáles contenían estos precursores, mientras los investigadores revisaban y corregían los posibles errores del algoritmo.

Una radiografía inédita del interior terrestre.

El sistema examinó millones de formas de onda procedentes de casi 5.000 terremotos registrados entre 1990 y 2024 y terminó identificando exactamente 174.929 señales PKP de alta calidad. Esta cifra multiplica por más de diez el conjunto de observaciones reunido por trabajos anteriores y ha permitido elaborar un mapa global mucho más detallado de las pequeñas heterogeneidades presentes en la zona inferior del manto terrestre.

Las seis nuevas zonas (B1-B6) identificadas en este análisis probablemente contienen ‘dispersores profundos’ que afectan la forma en que las ondas sísmicas viajan a través de la Tierra (Guan et al., J. Geophys. Res. Solid Earth , 2026)

La ampliación de la muestra ha cambiado además la imagen de algunas anomalías conocidas. Regiones que en investigaciones anteriores parecían estructuras aisladas y distribuidas de manera aparentemente aleatoria muestran ahora conexiones que forman cinturones mucho más extensos y continuos. Dentro de ese nuevo mapa, los investigadores han identificado seis zonas que podrían albergar heterogeneidades profundas hasta ahora no documentadas, situadas, entre otros lugares, bajo el norte de Eurasia, Asia Central y el Atlántico Sur.

Restos de una Tierra muy antigua.

La naturaleza exacta de estas estructuras todavía deberá investigarse con mayor resolución. El estudio plantea que algunas podrían estar vinculadas con materiales transportados hacia las profundidades por procesos de subducción, incluidos fragmentos de corteza continental y oceánica, sedimentos o materiales primitivos del manto. Bajo las enormes presiones y temperaturas existentes cerca del núcleo, esos componentes pueden transformarse, fundirse parcialmente o diferenciarse químicamente, generando zonas cuyas propiedades físicas contrastan con las rocas circundantes.

Los autores consideran que estas pequeñas estructuras podrían corresponder a acumulaciones termoquímicas formadas por sucesivos restos de placas subducidas, procesos locales de fusión, transformaciones minerales y su interacción con las grandes provincias de baja velocidad de ondas sísmicas ya conocidas. Comprenderlas ayudaría a precisar cómo circula el material por el interior de la Tierra y cómo se transmite el calor hacia regiones volcánicas o dorsales oceánicas. Las seis nuevas zonas detectadas se convierten así en objetivos prioritarios para futuros estudios capaces de combinar diferentes tipos de ondas sísmicas y obtener una imagen todavía más detallada de las profundidades del planeta.