En María Juana, la familia Dalmasso pone en marcha un sistema sueco con tres robots y 25 animales en adaptación.

En María Juana, departamento Castellanos, la familia Dalmasso puso en marcha el primer tambo robotizado del país pensado para vacas Jersey, un paso que busca combinar tecnología, bienestar animal y mayor eficiencia en la lechería. El proyecto arranca con 25 ejemplares, entre vacas y vaquillonas, en una etapa inicial de acostumbramiento.
Durante una semana los animales ingresarán al tambo para aprender el sistema, pero todavía no serán ordeñados. La idea es avanzar después con un ordeño progresivo, primero con pocas vacas, para que el rodeo se adapte sin estrés y el uso de la tecnología sea más eficiente.
Adrián Dalmasso definió la iniciativa como un cambio de escala para la producción lechera regional. El planteo se apoya en suelo agrícola de alta calidad, confort animal, robotización y recambio generacional como base de una actividad más sustentable.
La instalación trabaja con ordeño voluntario y automatizado, con tecnología sueca DeLaval, dentro de un galpón estabulado de 120 por 30 metros donde circulan libremente entre 220 y 240 vacas. El esquema incluye tres robots de ordeño, camas de goma individuales, cepillos rascadores, ventiladores y puertas inteligentes de tres vías que ordenan el tránsito del rodeo.
La inversión demandó seis años y se hizo con capital propio generado por la actividad agrícola-ganadera de la firma, sin recurrir a crédito externo. Dalmasso sostuvo que esa decisión permitió avanzar sin endeudarse y ajustar el proyecto sobre la marcha.
El objetivo productivo está puesto en maximizar los sólidos útiles de la leche —grasa y proteína— y sostener o superar los registros del esquema convencional, que se ubican entre 9,20% y 9,40%. A la vez, el sistema busca evitar la sobreexigencia nutricional y el estrés para prolongar la vida útil del rodeo Jersey.
Procesos.
“A mí siempre me gustó la calidad y no la cantidad. Cada vaca es un individuo que va a comer de acuerdo con su rinde y necesidades. La informática y la robotización permiten individualizar cada animal y darle un manejo diferenciado”, explicó el tambero.
También remarcó que el proyecto tiene una base familiar: hijos y sobrinos participan de manera directa o indirecta. “Fue un proceso lento, con plata genuina durante seis años. No tomamos crédito por responsabilidad: si a mí me pasaba algo, les dejaba un problema financiero a los chicos que todavía estaban estudiando”, señaló.
