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Jimmy López: El abogado que nunca ejerció y uno de los “dueños” de la movida nocturna posadeña durante 32 años, al que Dios lo salvó de la muerte varias veces

Jimmy López fue el propietario de varios boliches bailables que han quedado en la memoria de generaciones y en la historia de la ciudad de Posadas. Primero con el sitio bailable “El Galpón” por 6 años, desde 1995 hasta 2002; luego con el boliche referente en la movida tropical nocturna: “Metrópolis”, popularmente conocido entre los jóvenes como “La Metro” y además con una tercera “pista de baile”: “El Ángel”, desde el año 2000 hasta el 2005. Vivió todo eso y mucho más… hasta que llegó un momento en el que se cansó y se entregó 100% a Dios, volviendo a sus raíces familiares cristianas después de confesarse como un “rebelde” durante toda su vida.
«Metrópolis» el boliche que fue referencia en la movida nocturna posadeña por 26 años en Posadas

– ¿Cómo fue esa vida antes de Dios… esas noches posadeñas?

Complicadas, agitadas, noches muy agitadas, idas y vueltas. Han marcado generaciones, se han formado familias, se han destruido familias. La noche tiene muchos… tiene su magia diría yo, pero buenas y malas, más malas que buenas, pero depende de cada uno cuál es el camino que vas a tomar, porque vos podés salir a las noches a divertirte sin hacer escándalos, pero bueno, lamentablemente, el mundo, el hombre, el ser humano, es por naturaleza agresivo, ¿no? Y más cuando necesitan “entonarse” o por ahí yo siempre decía, nosotros, me dice usted, ¿ustedes venden alcohol? Yo le digo, nosotros vendemos diversión, vendemos fantasía, porque las personas iban y se olvidaban de sus problemas, se olvidaban de todos sus problemas. Y nosotros nos sentíamos satisfechos porque nos parecía que hacíamos bien y que veníamos trabajando bien. Yo era bendecido, pero no sabía que el diablo también bendice, ¿no? El diablo también bendice, pero más allá de todo eso, yo creo que era bendecido porque tenía una madre dobló rodillas por más de 40 años. Yo nací en cuna cristiana, mis padres fueron cristianos, mis padres eran ancianos en una época acá en la “Asamblea de Dios”, y bueno, yo nací en cuna cristiana y por esas cosas de la vida me aparté, me fui al mundo, fui como ese hijo pródigo, ¿no? quién dilapidó todas las bendiciones y herencias del padre, dilapidó toda la… tal cual, es el calco de lo que le pasó en esa parábola. Tuve que pasar por muchas cosas. Dios me dio cuatro hijos maravillosos, estuve casado casi 25 años, que nadie me daba, por la forma de ser que yo era… tenía mis adicciones, era adicto al sexo toda mi vida. Fumé de los 13 años, tomaba alcohol, pero volví a mi casa en los últimos años y me sentía como vacío. Estaba vacío.

– Algo que faltaba…

Algo faltaba. Algo faltaba. Había algo en mi corazón, a veces llegaba, en los últimos tiempos llegaba y al corazón parecía que me iba a salir desde la boca y decía, Señor, mostrame cuál es el templo, adonde tengo que ir. Y yo te voy a decir. Tres, cuatro veces que me tocó así esas noches, de vacío.

– Aun teniendo todo

Aun teniéndolo todo. Bueno, yo ya estaba separado, estaba viviendo solo y, bueno, de paso Dios me fue mostrando los lugares… comencé en una iglesia muy humilde, en Ituzaingó, en un barrio muy humilde, en una villa prácticamente. Ahí comencé. Yo tenía mi casa allá. Y me iba todos los fines de semana y comencé a congregar ahí. Y después empecé a recorrer acá, a ver cuál era mi lugar acá. Y Dios  me planta en la “Asamblea de Dios”, que fue donde yo me crié. Yo nací, me presentaron ahí y me crié en ese lugar.

– Pegaste la vuelta…

Pegué la vuelta. Y ahora volví. Volví ahí. La verdad que, dice que el que comenzó la buena obra… y Él comenzó una buena obra en mí, yo sé que me va transformando todavía. Sigo en un proceso de transformación. Porque no es fácil venir de una vida mundana, con todos los vicios, con todas las pasiones carnales, con todos esos deseos carnales del mundo y venir a vivir una vida en santidad.

– ¿Si tuvieras que resumir en pocas palabras lo bueno y lo malo de tu vida pasada como el rey de la noche tropical?

No, no soy ese rey de la noche. No, no, no. Yo no me pongo ese título. Fuí un trabajador como todos. Teníamos un trabajo honesto, por derecha. Nunca anduve por izquierda, jamás anduve por izquierda. He tenido oportunidades, pero no las acepté. No era el legado que me dejaron mis antepasados. Nada. ¿Lo bueno y lo malo? No sabría decir. Aprendí mucho. Aprendí a conocer a la gente. Desde antes. Yo fui a estudiar a Corrientes. Comencé en Posadas primero. Después me voy a estudiar a Corrientes. Ahí seguí trabajando en boliches. Hice eventos… La vida me ha enseñado, la calle me  ha enseñado a conocer, a ser una especie de sociólogo, ¿verdad? Algo así. La verdad que mal no me fue. He tenido mis altibajos económicos, altibajos emocionales, sentimentales, pero en definitiva las emociones no nos guían. No es el diseño de Dios para guiarnos totalmente.

– ¿Cómo fue gestionar un boliche tan importante como “Metrópolis” después de, por ejemplo, Cromañon y después de, por ejemplo, Iván Mercol?

Nosotros estábamos en el medio del campo de batalla porque la ligamos de rebote. Antes que eso estuvo el Código de Nocturnidad, si no me equivoco.

– En 2005

En 2005 estuvo el Código de Nocturnidad que vino a aplacar un poco el desastre que era la noche posadeña.

– Estaba bastante heavy, digamos, en los 90.

Terrible. Terrible. Sí, en los 90 era…

– Descontrol total, ¿no?

Menores de 12, 13 años, los boliches… Y el Código vino a aplacar un poco, a sostener un poco a los menores, ¿no? Poniendo mano dura. Y después, bueno, con los eventos de Buenos Aires, en Asunción hubo un incendio del shopping (n/r: en realidad era el Supermercado “Ycuá Bolaños) que murieron muchas personas también. Eso también trajo a colación… También repercutió, digamos, acá. Los controles fueron más exhaustivos, hubo más presiones. Y nosotros nos fuimos acomodando en base a eso. Y después el caso Mercol. No se podían tener botellas en las pistas. No se podían tener vidrios en la pista. La gente estaba ocupada con los vasos de vidrio, con la botella. Con la “pincha” Centeno también… Bueno, yo tenía “El Ángel” en esa época…Y el hecho se desencadenó afuera. Lo que pasa es que no se sabe. La gente sabe: El periodista dice cualquier cosa. Y bueno. Y la cosa buena es que vos aprendí a conocer mucha gente. Siempre tuvimos los papeles al día. Siempre, en “Metrópolis”, en “El Galpón” también. Siempre trabajamos con papeles al día. Siempre. Nunca entramos en cohecho, en coimas…Jamás.

– Y por eso se mantuvo tanto tiempo. Por la marca registrada, ¿no?

Sí, sí. Por cual. Y nada, se fue dando. Nosotros buscábamos los gustos de la gente. Y bueno, se fue dando. Yo comencé a hacer más otros tipos de contactos. Yo no era de la movilidad tropical. Yo era rockero, ochentoso. Después vine acá. Trabajé con mi hermano en “La Rueda” en la Rotonda. Comenzamos a traer eventos, espectáculos. Había folcloristas, tangueros. Bueno, distintos tipos de artistas. Yo ya tenía los contactos. Me recibí de abogado pero nunca ejercí… ejercí un año y bueno, salió “El Galpón”.

– Era muy aburrido

Muy aburrido. Yo buscaba otra cosa. Buscaba estar en movimiento permanente. No me gusta la pasividad.

– ¿Qué pasó de lo que se puede contar en tu vida? ¿Qué clic fue? ¿Qué noche? ¿Qué momento? ¿Qué acontecimiento pasó para que dejes toda esa vida y te congregues 100% a Dios?

Cansancio. Estaba cansado. Yo creo que me llegó la hora. Mi madre me dejó una Biblia, un Nuevo Testamento comentado. Y la empecé a leer. Y estaba cansado. Estaba acostado de la noche. No sabía más nada de la Biblia. Ya venía cansado. Ya cuando tenía que irme a las 12 y no quería… quería quedarme en casa. Porque el otro día, en lugar de compartir en familia, tenía que estar durmiendo porque volvía de trabajar. Entonces, es complicada la noche. Yo siempre decía, con el perdón de la expresión o de los pensamientos, decía, yo soy como el ginecólogo: Trabajo en el lugar donde los demás se divierten. Para mí había estudiado, no había dormido, no había nada. Yo me acostaba a las 7, 8 de la mañana.

– Y una tensión emocional también por estar, digamos… Era una tensión permanente

Permanente. Te caían controles, te caía la municipalidad, te caía la policía. Prepotentes, con mucha prepotencia. Como que ellos son, no sé, como que vos les debía… No sé, no sé. ¿Respeto? No, no te digo respeto. Como que les debía… Como que ellos eran autoridades. Y eran autoridades exactamente. Pero venían con toda la soberbia del momento. ¿Entendés?. Y te decían, “cerrá la boletería porque vos tenés mucha gente”. ¿Pero qué haces? Tengo espacio. “No, no, no, tenés que cerrar la boletería”. Y tenías que lidiar con todo eso. O venía un comisario que capaz se peleó con su esposa y venía con cara larga y empezaba a pedir documento a todo y te clausuraba porque dice que había un menor. O porque no tenía documento y no era menor. Me ha pasado. No tenía documento.

– Siempre te podían inventar algo, ¿no?

Inventaban algo. Y pasaban a otro lado, si te podían empujar, te empujaban. No todos, no todos. Pero muchos policías con la soberbia típica de algunos funcionarios policiales y de algunos funcionarios municipales. Es muy típico. No sé ahora cómo será. Pero en esa época a nosotros nos llevaban, no es que no querían, nos llevaban por delante.

– Para quienes no creen en tu conversión de una vida a otra, ¿qué les dirías?

Qué crean. El único secreto es creer. El único secreto. No hay otro. No hay otro. Creer en Dios. Amar al prójimo. Amar a Dios sobre todas las cosas. Amar al prójimo y la obediencia. De eso trata el Evangelio. La fe, obediencia y amor. Tres cosas.

– ¿Cuál es el poder que Dios ha dado en tu vida?

Me han salvado de la muerte muchas veces. Muerte física. Después que Él me habló, yo fui pensando y pensando y sí, yo he estado muchas veces al borde de la muerte. En el río me agarró la cola de un tornado, me agarró un tormenta con una lancha, con un barco. En la ruta, también. Arriba del avión saliendo de Panamá. También casi cae el avión.

– ¿Cómo Gardel?

Algo así, viste. Pero lo que más me pegó fue que Él me dijo… Porque yo me iba a mi madre, tenía 93 años, cuando Dios lo lleva, ¿no? Mi madre siempre, yo me iba a visitarla todos los días. Desayunaba con ella, le llenaba la heladera, le sacaba a pasear, íbamos, íbamos. Y ella me hablaba. Y… “mamá, no me hable más, vos sos muy extremista, no me vas a convencer así”, le decía yo. Y cuando podía ella me hablaba… Bueno, mamá, sí, listo, mañana te veo. Chau, chau. ¿Sabés qué me dice Dios? Yo estaba ahí cuando tu madre te hablaba de mí. Vos la escuchabas, me decía. Pero cerrabas la puerta y te íbas. Tal cual. Estaban mi madre y yo. Nadie más. Entonces eso hizo un clic en mi cabeza. Eso hizo un clic en mi cabeza. Decía, Señor, perdón. He pecado, como el “hijo Prodigo”, pequé contra el cielo, pequé contra tí, un pecador. Y volví arrepentido. Volví con un corazón humillado. Te vuelvo a repetir, todavía me está transformando. Está transformando mi vida, mi carácter, mi manera de pensar… de un día para el otro dejé de fumar. He intentado millones de veces, no podía.

– Con mil métodos

No podía, no podía. Un día cerré la Biblia. Yo siempre leía la Biblia todos los días de la mañana, cuando ya estaba en la sesión, cerraba, prendía un cigarrillo y me iba a la radio. Tuve tres radios. Era radio difusor. Me iba a trabajar a la radio. Hasta que un día dije, agarro el paquete de cigarrillos, lo mojo en el agua, en la pileta… en el nombre de Jesús. Nunca más, tiré al basurero. ¡Qué poderoso es el nombre de Jesús! A partir de ahí, nunca más toqué un cigarrillo.

– Y cuando uno lo dice, con convencimiento, no de la boca para afuera

Totalmente. De adentro, del corazón, desde el espíritu. Y cuando vos orás en el nombre de Jesús, vos orás conforme a lo que a Él le agrada. ¿No? Para honrarle a Él, para glorificarle a Él y al Padre. ¿No es cierto? Y es tan poderoso decir en el nombre de Jesús con fe que mueve montañas. En mi caso, se movió la montaña. Traslade la montaña, nunca más toqué un cigarrillo. Alcohol por ahí, tomo un poquito de vino. Yo me bajaba. dos o tres champán por noche, con mis amigos, con amigas, chicas… No el Rey de la Noche, pero era el dueño…Y tenía todo un séquito a mi alrededor. Hasta que uno se da cuenta que eso no…

– Y eso por ahí modifica un poco el ego, ¿no?

Claro que sí. Claro que te lleva un ego. Ah, yo soy tanto, yo soy tanto. Y Dios está trabajando. Ha trabajado mucho en mí. Y tiene mucha paciencia conmigo. Hoy ya no soy el de antes. Ya no tengo ese ego. Todos los días le digo, Señor, mi ego. Dejo de lado mi arrogancia, mi ego. Mi orgullo, Señor, dejo. Me dejo a los pies de la cruz. No, Dios es el Evangelio porque es el poder de Dios para la salvación. Es la Palabra. Y es cierto. Es cierto. Yo no tengo problema. Voy a las cárceles a predicar… voy a un asilo de ancianos, visito algún asilo de ancianos, que ya es un culto porque se bautizaron los viejitos. Es la obra de Dios. Y todos aceptaron. Y la mayoría están bautizados. Hay dos o tres nuevos que se van a bautizar ahora. O sea que esto es maravilloso lo que hace Dios. Y cuando estamos ahí reunidos en el cuerpo, se siente la unión de los espíritus santos. Y yo llevo un parlante, llevamos guitarras y cantamos y adoramos.

“Sufrí desarraigo de mis padres por mi rebeldía”

Fui una persona muy rebelde toda mi vida. Y yo no podía seguir viviendo con mis padres porque él tenía una jerarquía. Era anciano de la iglesia: No podía manejar su familia. Entonces, ¿qué pasó? Me mandaron a un internado. ¿Entendés? Tal vez se equivocaron, tal vez no, pero yo ya los perdoné. Yo siempre le decía a mi madre eso. Pero hoy los perdoné. Hoy entiendo el porqué. Y perdoné porque por ahí uno sin querer ocasiona heridas. Por ahí nosotros como padres a nuestros hijos, sin querer: “Pero qué inútil” y por ahí le decimos en broma… “que inútil  que sos”. Ya le ocasionaste una herida. Y eso uno se olvida nunca.

Y los hijos también hacia los padres

Y los hijos a los padres, pero más los padres a los hijos. Y uno nunca se olvida. Por qué es tu papá el que te está diciendo, o es tu mamá. Y son heridas que te van provocando y eso después, a la larga, a la postre, tiene sus consecuencias. Si vos no venís al Señor, tiene sus consecuencias.

– ¿Qué consejo le darías tanto a la persona que quiere tu vida pasada como que ser alguien referente de la noche y tener un boliche y también a quien quiere entrar al reino de Dios?

El hombre es libre. Tiene libertad para elegir su destino. Pero siempre que lo haga dentro de los mandamientos de Dios. Uno puede tener la noche. Sí, yo no estoy apartado. Podés ser cristiano y manejar un bar. Sí, porque es tu medio de vida. Ahora, no te contamines. No hay que contaminar. Hay muchas tentaciones. Hay muchísimas tentaciones. De todo tipo. De lo bueno y de lo malo. De lo bueno y de lo malo. Más de lo malo. Yo para mis hijos no les aconsejo. De hecho, ninguno son bolicheros. Uno quiso ser. No le fue bien a pesar del consejo que le di. Pero cada uno es artífice de su propio destino. Usted puede ser feliz. Podés divertirte teniéndolo a Dios. ¿Sí? Sin embargo, el diablo te dice: no pasa nada. Esa mentira del diablo es dale, fumá, tomá. No pasa nada. Es hoy nomás. Es hoy nomás. Vine a Año Nuevo. Andá a la fiesta. Andá a “La  Aventura”. Pero eso no es el designio de Dios.

– Después pasa factura

Después, no, no. No te pasa factura. Pero uno se siente… Yo me siento mal. Yo me sentiría mal si hago eso. Porque yo no quiero deshonrar a Dios. Tengo tantos temores de Dios. Y hacer eso sería deshonrarlo. Deshonrar su nombre. Es como que yo les deje mal a mis padres. Che, no, pero mirá… tu papá es un terrible comerciante empresario y mirá vos. Le dejo mal a mi viejo. Y hay chicos que no se percatan de eso. En Dios encontrás toda la plenitud. Fuente de toda sabiduría. Fuente de todo amor. Fuente de todas fortalezas. Sin Él no podemos hacer nada. Él dice, ustedes son las ramas.  Ustedes son las ramas. Yo soy la vid verdadera. Yo soy la verdadera. El verdadero tronco. El que le da vida a las ramas. Mi padre es el labrador. Si esas ramas no dan buen fruto, mi padre las corta y las tira. Y si dan buen fruto, mi padre las va a podar. O sea que vamos a sentir una poda.

– Claro. Pero es una poda buena, claro. Claro.

Claro. claro. Para dar mejoría.

– De crecimiento.

Exacto.

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