La crisis social y económica enquistada en Argentina, se manifiesta de manera compleja en la Patagonia.
San Carlos de Bariloche tiene características particulares. Por un lado, el índice de pobreza aumentó al 60 % y al 19% la indigencia en 2024. Estos incrementos se atribuyen, en gran parte, al impacto de la inflación del último año y a la suba del precio de los alimentos. Esto afectó a los estratos más bajos de la sociedad.
Una familia tipo de cuatro integrantes en esta ciudad, debió gastar más de $800.000 para superar el nivel de indigencia. El incremento de indigentes es significativamente superior al aumento de la pobreza. Estas son cifras oficiales de los diferentes Observatorios nacionales, incluido el INDEC.
Desde Cáritas Bariloche afirman que continúan aumentando los pedidos de alimentos a sus bases. Esto también ocurre con otros comedores y merenderos de San Carlos de Bariloche.
Una ciudad desigual
La desigualdad se refleja en el lugar de residencia, vivienda, infraestructura y servicios urbanos, entre otros. Son el producto de procesos sociales e históricos. La ciudad tuvo un crecimiento acelerado y la expansión urbana se descontroló. Además, se produjo un uso excesivo de los recursos naturales y aumentó la especulación inmobiliaria a través de emprendimientos turísticos tramposos. Estos tienen un fuerte componente étnico-social que marginó a los pueblos originarios.
Los barrios populares sufren la manipulación de políticos y empresarios que los definen como “grupos peligrosos” que atentan contra la democracia. Este modelo acentuó la concentración espacial de la pobreza en los últimos años. Para enfrentar esto, continúan surgiendo nuevos actores sociales, nuevas formas de protestas y modos alternativos de vida más solidarios e integradores.
Un reciente informe elaborado por la Oficina de Aseguramiento de la Calidad (OAC), de la Universidad de Río Negro, reveló que casi el 49% de los estudiantes pertenece a los sectores de menores ingresos socioeconómicos. Esto sugiere un aumento en la accesibilidad de la educación superior para sectores sociales más bajos, lo cual es un indicador positivo en términos de inclusión social. Esto coincide con lo publicado por la consultora ex Quanti y el INDEC.
San Carlos de Bariloche es uno de los ejidos urbanos más extensos del país. Tiene 27.455 hectáreas. Los aspectos topográficos, la actividad turística, la presión demográfica e inmobiliaria, la existencia de áreas naturales protegidas y los gobiernos municipales con escasa capacidad de planificación, contribuyeron a una expansión desordenada y a una profunda diferenciación interurbana.
Coexisten dos realidades: la imagen que se le muestra al turista y la realidad que se quiere ocultar con habitantes que viven en condiciones muy desfavorables. El predominio de un grupo minoritario con grandes recursos económicos tiene constantes tensiones con los habitantes de los barrios periféricos ubicados al sur y en las costas más altas de la ciudad. Allí, los barrios populares no tienen acceso regular a la red de agua corriente, a la red de energía eléctrica con medidor domiciliario y/o red cloacal. El desarrollo urbano fue errático, improvisado y violento con los habitantes de pocos recursos económicos. La localización de los pobres en los márgenes produjo secuelas negativas que se vinculan y potencian, conformando un complejo círculo vicioso.
Además, Viedma está en el puesto 11 del ranking de pobreza a nivel nacional. El ingreso del 16% de la población no cubre el valor de la canasta básica total. La suba del Índice de Precios al Consumidor de Bienes y Servicios en Río Negro tuvo un alza del 100% en el año 2024.
Es la deuda interna que tiene una verdadera casta de políticos y empresarios hacia los habitantes que sufren cada día las injusticias y la impunidad de la corrupción enquistada en la sociedad argentina.