Un estudio que hizo la Universidad Nacional del Comahue de Bariloche señala que los árboles de la región tienen posibilidades de dar respuestas ante el problema de la sequía.
Para la Patagonia, los que saben del tema auguran sequías más frecuentes, intensas y prolongadas en los próximos años, escenario que también pronostica decaimiento y mortalidad de bosques más graves que en la actualidad. No obstante, según estudios que se realizaron en zonas boscosas de Río Negro y Neuquén, coihues, cipreses y lengas pueden desplegar estrategias para adaptarse y sobrevivir ante tan difícil panorama.
“Sobrevivir o morir de sed” se titula un artículo que forma parte de la publicación “Desde la Patagonia, difundiendo saberes”, la revista de divulgación que dos veces por año publica la sede en Bariloche de la Universidad del Comahue. Nada menos que ocho autores intervinieron en la producción del texto, la mayoría doctoras o licenciadas en Biología, más el aporte de un geógrafo.
El así llamado “decaimiento del bosque” se expresa a través de signos de mortalidad y/o pérdida de vitalidad que se advierten de manera repentina o gradual. Desafortunadamente, el fenómeno afecta a todos los biomas del mundo asociados principalmente al aumento de sequías por el cambio climático, contextualiza el estudio. En efecto, las sequías extremas y sus efectos sobre el bosque están siendo detectados en el mundo entero y casa no es la excepción.
El decaimiento de bosques por sequía puede manifestarse de distintas maneras, desde un ligero aumento de la mortalidad, hasta episodios de muerte masiva a escala regional. Los efectos pueden ir desde la pérdida prematura de las hojas durante veranos secos para los árboles deciduos que normalmente las pierden en otoño o la muerte parcial de la copa, hasta incluso la mortalidad total del árbol. Según se advierte, la mortalidad parcial de copa se ha observado en muchas especies de árboles y parecería ser una estrategia común para resistir períodos de sequía extrema.
De la misma manera, los árboles bajo regímenes escasos están sometidos al estrés por escasez de agua y desarrollan características que les permiten ajustarse mejor a esa condición. Así, las características propias que presentan los árboles de zonas secas se vuelven clave para su supervivencia. Asimismo, si estas particularidades están determinadas genéticamente en el ADN, pueden ser transmitidas a la descendencia de tal forma que las mismas se mantienen a lo largo del tiempo, asevera el estudio.
Entonces, para persistir y prosperar bajo los cambios climáticos previstos, las plantas tendrán que ajustar rápidamente su forma y funcionamiento, por lo que resulta necesario analizar las potenciales respuestas del bosque al estrés ambiental, como por ejemplo a la escasa dispersión. En orden a conocer esas posibles reacciones los experimentos en los que se manipula el riego constituyen una valiosa herramienta para evaluar la vulnerabilidad de las especies arbóreas al cambio climático.
Estos son los párrafos principales del texto de divulgación en el que trabajaron Andrea Premoli, Mariana Fasanella, Paula Mathiasen, María Laura Suárez, Dayana Díaz, Griselda Ignazi, Thomas Kitzberger y Cintia Souto. La versión completa está en la edición más reciente de “Desde la Patagonia, difundiendo saberes”. El conjunto de la revista o sus artículos por separado se pueden descargar desde https://desdelapatagonia.uncoma.edu.ar