Es una de las carnes más nobles consumida en Argentina, tiene muy buena calidad y posee denominación de origen. La cocina patagónica, regional, pone en valor los productos que se han desarrollado en la zona. Es una gastronomía de mar y montaña, de asados, hortalizas y hongos de los bosques.
Esta tierra recibió inmigrantes españoles, italianos y galeses que fueron añadiendo ingredientes, técnicas, costumbres y construyendo una cocina única y con fuerte identidad.
Una de las mejores experiencias que ofrece es la ceremonia del curanto: un método milenario de cocción de alimentos utilizado por los pueblos originarios. Se prepara al aire libre, en un pozo cavado en la tierra y cubierto con piedras que se calientan al fuego.
Los corderos pastorean a campo. Están bien cerca de su madre que los provee de leche y se alimentan libres de agroquímicos. El terruño donde crecen y se desarrollan le dan características organolépticas como el sabor, la textura y la forma. Poseen bajo contenido en grasa, a diferencia de otros animales que provienen de lugares diferentes.
Aquellos de mejor carne son los que tienen entre 3 a 6 meses. Generalmente, se cocinan al asador (a la cruz) y se sujetan las patas con alambre. Es importante que la cocción sea pareja, en forma lenta y que nunca le falte calor. Se le agrega salmuera de ambos lados.
En cuanto al modo en que se consume, la costilla con lomo se come jugosa, es decir, que no esté pasada de cocción, bien roja adentro y dorada alrededor. Los cortes más grasosos precisan cocciones más largas.
Este producto resulta un excelente plato identitario. Se lo suele comer acompañado de vegetales y de pan de campo casero y caliente. Se sugiere maridarlo con un rico vino de Merlot, uva que se da muy bien en la Patagonia.
En Puerto Madryn y en Sierra Colorada se celebra la Fiesta Nacional del Cordero. Cada evento se presenta con un programa para disfrutar de varias actividades culturales, tradicionalistas, espectáculos, demostraciones de esquila, arreo con perros, jineteadas y paseo artesanal.