El proyecto, bautizado Bionic Underwater Robotic Turtle (BURT), nació de la curiosidad de Evan Budz, un estudiante canadiense oriundo de Dundas, que encontró inspiración observando a las tortugas mordedoras en los Grandes Lagos.

Con apenas 15 años, un adolescente canadiense logró lo que muchas compañías tecnológicas todavía intentan perfeccionar: desarrollar un robot submarino autónomo, silencioso y capaz de detectar amenazas ambientales en tiempo real mediante inteligencia artificial. El proyecto, bautizado Bionic Underwater Robotic Turtle (BURT), nació de la curiosidad de Evan Budz, un estudiante de Dundas, que encontró inspiración observando a las tortugas mordedoras en los Grandes Lagos.
Un robot submarino inspirado en tortugas reales.
Lejos de parecer un experimento escolar improvisado, BURT representa una combinación avanzada de biomimetismo, robótica e IA aplicada al monitoreo ecológico. Su diseño imita el movimiento natural de las tortugas acuáticas mediante aletas suaves, reemplazando las tradicionales hélices utilizadas por la mayoría de los drones submarinos.
La diferencia no es menor: las hélices generan ruido, alteran el comportamiento de la fauna e incluso pueden dañar ecosistemas delicados como arrecifes de coral o zonas de agua dulce. En cambio, el robot desarrollado por Budz se desplaza de forma estable y silenciosa, permitiendo estudiar ambientes submarinos sin interferir en ellos.
Inteligencia artificial para detectar contaminación y estrés ambiental.
El verdadero salto tecnológico está en el cerebro del dispositivo. BURT incorpora un sistema de aprendizaje automático integrado directamente en su estructura, capaz de reconocer especies invasoras, residuos plásticos y señales de estrés térmico o blanqueamiento de corales con una precisión del 96%.
