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Estamos en medio de una crisis de proporciones devastadoras y casi nadie hace algo significativo (o directamente nada)

Por: Matías Rosciszewski Cortés *

El 3 de enero de 2021, la joven referente mundial en la lucha contra el Cambio Climático, Greta Thunberg cumplió 18 años. El mundo la conoce desde el 20 de agosto de 2018, cuando comenzó una solitaria e inédita “Huelga escolar por el clima”. Pues mal no le ha ido. En sólo un par de meses del 2018, su imagen trepó hasta niveles altísimos de conocimiento popular y eso le dio la altura moral como para discutir ideas y proyectos ambientales con líderes políticos de todo el mundo. Incluso le hizo frente en la cara al mismísimo Donald Trump, el irresponsable negacionista número uno del peligro actual ( y desde hace 30 años) del cambio climático.

El prestigioso y multipremiado colega Hugo Alconada Mon, del Diario La Nación, de Argentina, realizó una entrevista  a Thunberg que recomiendo leerla completa. La claridad conceptual sobre complejas y puntuales cuestiones del Cambio Climático de Greta es impecable. Pero no sólo se queda en eso, sino que hay más: Su narrativa y discurso “verde” si se quiere, es muy potente y concreto: Estamos ante el mayor desafío de toda la historia de la humanidad porque la crisis climática lo cambiará todo (y ya lo está haciendo). Y tiene toda la razón. La civilización moderna tiene frente a sus narices un desafío que no se compara a nada visto desde que el ser humano irrumpió en la evolución de la vida en la tierra.

Greta Thunberg en 2020 al enviar una carta abierta a los líderes europeos instándoles a tomar medidas de emergencia diciendo que la gente en el poder prácticamente se había «rendido» en la búsqueda de una solución real.

En menos de 300 años, el hombre degradó, modificó y destruyó ecosistemas a un ritmo tal que en este momento, en 2025, sólo nos queda una ventana muy estrecha para, ya no revertir (algo imposible físicamente de lograr debido a que las concentraciones de CO2 y CH4 en la atmósfera que tardan, en conjunto, cientos de años en disiparse) pero si mitigar y adaptarnos para lo que serán las próximas dos décadas que definirán sin duda la supervivencia o no de la raza humana. Y no es una hipérbole. Es la realidad cruda y dura. Pero mucho antes de eso tenemos el desafío más inminente y del que hay un plazo concreto: 2030. Sólo tenemos tiempo hasta ese año para cambiar totalmente nuestra forma de vida, de consumo y de utilización de los recursos naturales para limitar el calentamiento global a 1.5ºC de temperatura promedio global con respecto a los niveles preindustriales según el informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC). El tema es que no es algo que podamos decir: bueno, lo comenzaremos a realizar en 2029/2030. No. Para esos años cualquier acción climática ya será demasiado tarde. La urgencia es ahora, es hoy. Y debería haber sido ayer. En ésta segunda década del siglo XXI, el consenso científico es tajante: Si superamos la barrera fáctica de los 1.5ºC habrán más desastres ambientales, más y mayores tormentas de lluvia y viento; eventos repentinos de diluvios que superen ampliamente lo que se espera de precipitaciones para todo un semestre; sequías interminables; temperaturas elevadas por encima de lo normal y también olas de frío en épocas del año donde no deberían pasar; migrantes ambientales que se contarán por millones en todo el mundo y una serie de consecuencias aterradoras que se irán sucediendo una detrás de otra, tal como la caída de fichas de dominó.

Y uno de los problemas mayores es que todo esto ya lo sabemos, desde hace bastante tiempo, sin embargo, todo sigue como siempre. Las estériles COP anuales no sirven de mucho. Este año se cumplirán 10 años desde el Acuerdo de París. ¿Estamos mejor desde la firma de ese documento? No. Estamos mucho peor. Vamos, como si fueramos un auto de F1 en descontrol total, a toda velocidad, derecho hacia un paredón… el final ya sabemos cuál es en ese caso.

Por eso es importante que voces como las de Greta nos interpelen, nos desafíen, nos sacudan la cabeza. Y por qué no, que nos infundan miedo y pánico. Tal como afirma Greta, la esperanza ya no es una vía porque la misma patea para adelante el problema. Sin embargo, el miedo y el pánico, bien canalizados, sirven como un efectivo estímulo para que el ser humano entre en acción y deje de teorizar discutiendo si el Cambio Climático es real o es un invento de China.

¿Y que puedo hacer yo?  Te estarás preguntando. Mucho. ¿Cómo? A ver, toda acción suma, por más pequeña que sea. ¿Y sabes por qué? Porque tenés el poder de influir en tu grupo más cercano de relaciones, cuatro, cinco o diez personas. Y si esa acción se replica en miles de personas, es evidente que ese primer paso en solitario fue efectivo. Pero tampoco hay que olvidar el principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas (CBDR)” que es un motivo del Derecho Internacional del medio ambiente que establece que todos los países tienen una responsabilidad en el cambio climático, pero no todos tienen las mismas obligaciones. Es decir, no le podemos exigir lo mismo a naciones pobres de África que a Estados Unidos, China o Rusia. ¿Por qué? Porque la tasa de emisiones de gases de Efecto Invernadero (GEI) de cada uno de esos paises es muy diferentes entre sí, por múltiples motivos: desde lo económico y social, hasta lo cultural y político. Pero volviendo a las responsabilidades individuales, entonces, es importante separar la basura en orgánico e inorgánico; consumir menos plástico o si se lo consume, tratar de reutilizarlo en macetas para las plantas o mil ideas más que se pueden hacer con las botellas de gaseosas, por ejemplo. Otro de los ejemplos es cuidar el agua que utilizamos en nuestros baños y no utilizar el vital líquido para ducharnos durante sesiones interminables de minutos. Otra idea es utilizar menos el automóvil, pero claro, en América Latina esto no es fácil de un día para el otro…. En trayectos cortos es preferible ir a pie o bicicleta o en algo que se puso de moda en América del Sur en esta pandemia, los monopatines eléctricos, caros, claro que sí, pero con el tiempo irán bajando de precio.

En fin, la lista de acciones que cada uno de nosotros podemos realizar en pos de cuidar o al menos no lastimar aún más el planeta y nuestro ambiente más próximo  es interminable. Es cuestión de actitud, decisión, conciencia, compromiso y visión de futuro, no sólo por nosotros mismos, sino por las generaciones que nos sucederán.

“Nadie es demasiado pequeño para marcar la diferencia y nunca debemos subestimar el poder de una persona y especialmente el poder de los jóvenes”. Vaya si está en lo cierto Thunberg: En 2019 la revista Time la seleccionó como la «Persona del Año», y la BBC de Londres la incluyó entre las 100 mujeres más relevantes del mundo. Entonces…  si ella pudo, ¿qué esperas vos para tomar acción hoy frente al desafío del Cambio Climático?

Y en vez de preguntarte por qué lo harías, mejor pregúntate ¿por qué no? Nada ni nadie te lo impide. Tus hijos, hijas y familiares te lo agradecerán, tal vez no hoy, pero si antes que dejes este mundo. Es momento de comenzar a escribir un legado ambientalmente responsable. Comienza hoy. Nos quedan 5 años y contando…!!!

* Rosciszewski Cortés es Licenciado en Periodismo; Técnico Superior en Gestión Ambiental; Observador Meteorológico de Superficie reconocido por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de Argentina; tiene un Posgrado en Gestión Integral del Cambio Climático por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y es actual tesista de la Maestría en Ambiente y Desarrollo Sustentable de la misma alta casa de estudios.

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