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Franco Colapinto montó un espectacular show de fuego y pasión ante una multitud

Más de 600 mil personas vibraron con un retazo de la Fórmula 1 en Buenos Aires

Después de 14 años volvió a girar en Buenos Aires un auto de Fórmula 1. Franco Colapinto hizo una exhibición histórica por las calles de Palermo.

Tan humano se mostró Colapinto que no ocultó a la persona que más deseaba que lo viera: su abuela Rosa. La mujer que lo vio irse a vivir solo a Europa a los 14 años y nunca tuvo la oportunidad de viajar a verlo correr, estuvo pegada al box que se había armado sobre Avenida del Libertador.

El evento. que también tuvo los shows de Soledad y Luck Ra, no comenzó puntualmente. Pero a nadie le importó. Tampoco que algunas puertas se abrieran después de las 9. Porque nadie salió decepcionado.

Primero, hubo emoción: Franco corrió hacia su abuela, que lo esperaba detrás de la valla de Avenida del Libertador. Con personal del SAME que la asistía y la llevó hasta ahí en silla de ruedas, el piloto se inclinó, la abrazó y, lógicamente, se conmovió.

Luego de que Pato Sardelli, el líder de Airbag, interpreto con guitarra eléctrica el himno nacional, los aviones de la Fuerza Aérea Argentina tiñeron aún de más celeste y blanco el cielo, que resistió a una lluvia que amenazó con algunas gotas. Pero no fue hasta las 12.52 que Colapinto se puso el casco y se subió al E20 para, seis minutos después, salir por primera vez a la pista.

El público vibró en cada una de las pasadas en una salida que duró 14 minutos. Colapinto hizo donas y aceleró poco para que nadie se perdiera la chance de verlo de cerca por primera vez en un F1. Lo que dejó fue el sonido espectacular de un V8 y el olor al caucho quemado.

Su segunda intervención fue el momentazo del Road Show. Ya era épica por la unión de épocas que permitía su salida en el Flecha de Plata con el que Juan Manuel Fangio corrió y ganó los campeonatos de 1954 -empezó con una Maserati- y 1955, se volvió inolvidable gracias a él. Y no por el casco réplica de la década del ’50 ni por la bandera argentina en una de sus manos.

Después de 10 minutos en la pista con el Mercedes-Benz W196, estacionó el auto unos metros antes del cruce de la calle Kennedy con Avenida del Libertador, se bajó a saludar y, al llegar al espacio reservado para personas con movilidad reducida y discapacidad, empezó a sacarse selfies y a firmar autógrafos.

«Me quedo sin palabras. Estoy cayendo de a poco. Es una locura la cantidad de gente que vino», le dijo a Juan Fossaroli, su único interlocutor del día -con la excepción de Nico Occhiato, conductor en el Fan Zone-, antes de comenzar una caminata de varios metros por el Monumento de los Españoles para acercarse un poco más a sus fanáticos, muchos con camisetas de Boca y de Argentina y, la gran mayoría, con alguna prenda, gorra, bandera o cartel dedicado a FC43.

Asombrado con aquellos que se trepaban a un poste para verlo mejor, también aprovechó para dejar su mensaje puertas afuera: «Amo a los argentinos, le estamos mostrando a la Fórmula 1 que nos merecemos volver a tener una fecha».

Con los organizadores anunciando por los altavoces que se habían reunido más de 600 mil personas -cifra ratificada por el Gobierno de la Ciudad-, el Road Show de Colapinto en Buenos Aires superó los récords que la Fórmula 1 había marcado en dos grandes premios: las 525 mil personas del GP de Australia 1995 en las calles de Adelaida y los tres días de concurrencia en el GP de Gran Bretaña del año pasado en Silverstone.

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