Por: Matías Rosciszewski Cortés *
¿Cuánto más tiene que suceder para reaccionar? ¿Cuánto tiempo más creemos “tener” como humanidad para evitar cambios apocalípticos y afrontar seriamente un cambio paradigmático en nuestro estilo de vida? Si seguimos como vamos hasta ahora, haciendo entre poco y nada. ¿Cuáles serán las consecuencias a mediano plazo?
¿Cuánto más tiene que suceder para reaccionar? ¿Cuánto tiempo más creemos “tener” como humanidad para evitar cambios apocalípticos y afrontar seriamente un cambio paradigmático en nuestro estilo de vida? Si seguimos como vamos hasta ahora, haciendo entre poco y nada. ¿Cuáles serán las consecuencias a mediano plazo?
¿Son varias preguntas, ¿no? Vayamos respondiendo una a una.
Por primera vez en más de 70 años, llovió en Groenlandia, uno de los puntos en la tierra más fríos del mundo. La precipitación de agua, y no de nieve, se trató de la más intensa desde que se iniciaron los registros en 1950, según el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC).
Se puede pensar, por lógica, los efectos físicos que pueden desencadenarse si ese fenómeno sigue ocurriendo cada vez con mayor frecuencia: Deshielo. ¿Y qué consecuencias tiene esto? Por sólo nombrar dos: Pérdida de reservas de agua dulce y pérdida de superficie de albedo en el polo norte. ¿Pero qué diablos es el albedo? Es la reflectividad de la superficie terrestre y tiene que ver con la energía reflejada desde la tierra hacia el espacio. Por lo tanto, las superficies claras tienen valores de albedo superiores a las oscuras, y las brillantes más que las mates. Si la tierra se va quedando con menos y menos superficie con blancas con albedos elevados, esa energía que llega del sol se queda en la tierra, no es reflejada al espacio, y por consiguiente, contribuye a recalentar, como una olla a presión, la atmósfera terrestre. Es un hecho físico elemental.
El cambio climático es generalizado, rápido y se está intensificando
La ventana de “tiempo” para evitar impactos aún más catastróficos a nivel global se está cerrando mucho más rápido de lo esperado: Según el informe del Grupo de Trabajo Intergubernamental I de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), publicado en agosto de 2021, se están observando cambios en el clima de la Tierra en todas las regiones y en el sistema climático en su conjunto.
El comunicado de prensa del IPCC explica que en este informe se ofrecen nuevas estimaciones sobre las probabilidades de sobrepasar el nivel de calentamiento global de 1,5 ºC en las próximas décadas, y se concluye que, a menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan de manera inmediata, rápida y a gran escala, limitar el calentamiento a cerca de 1,5 ºC o incluso a 2 ºC será un objetivo inalcanzable.
El calentamiento en la superficie terrestre es superior al promedio mundial y, particularmente en el Ártico, el calentamiento es más del doble. “El cambio climático ya afecta de múltiples maneras a todas las regiones de la Tierra. Todo aumento del calentamiento exacerbará los cambios que estamos experimentando”, declaró el Copresidente del Grupo de Trabajo I del IPCC, Panmao Zhai.
Las proyecciones del informe indican que en las próximas décadas los cambios climáticos aumentarán en todas las regiones. Según el informe, con un calentamiento global de 1,5 °C, se producirá un aumento de las olas de calor, se alargarán las estaciones cálidas y se acortarán las estaciones frías; mientras que con un calentamiento global de 2 °C los episodios de calor extremo alcanzarían con mayor frecuencia umbrales de tolerancia críticos para la agricultura y la salud. Sin embargo, no es cuestión únicamente de la temperatura. Como consecuencia del cambio climático, las diferentes regiones experimentan distintos cambios, que se intensificarán si aumenta el calentamiento; en particular, cambios en la humedad y la sequedad, los vientos, la nieve y el hielo, las zonas costeras y los océanos.
El cambio climático está afectando a los patrones de precipitación. En las latitudes altas, es probable que aumenten las precipitaciones, mientras que se prevé que disminuyan en gran parte de las regiones subtropicales. Las zonas costeras experimentarán un aumento continuo del nivel del mar a lo largo del siglo XXI, lo que contribuirá a la erosión costera y a que las inundaciones costeras sean más frecuentes y graves en las zonas bajas.
En el caso de las ciudades, algunos aspectos del cambio climático pueden verse amplificados, en particular el calor (ya que las zonas urbanas suelen ser más cálidas que sus alrededores) y las inundaciones debidas a episodios de precipitaciones intensas y al aumento del nivel del mar en las ciudades costeras.
Pasado el limpio. El Acuerdo de París es papel mojado: El objetivo de éste es limitar el calentamiento global a no más de 1.5ºC con respecto a los niveles preindustriales. Si no modificamos HOY MISMO nuestro estilo de vida en todas las esferas imaginables, tanto a nivel colectivo como individual, cumplir con la meta de París será directamente una utopía.

¿Y cuál es esa ventana de tiempo?: Una fecha concreta: Año 2030. Y faltan para ello sólo 5 años. Ya en 2018, el IPCC advertía que, para cumplir con la meta de París de no más de 1.5ºC había que disminuir un 45 % para 2030 las emisiones de dióxido de carbono. Y con simple matemática la cuenta es atroz: Para llegar a la reducción del 45 % en 2030 partiendo desde 2018, había que reducir anualmente 3.75 % la emisión mundial de CO2. ¿Esto sucedió? No. Y ahora, en 2025, el tiempo es menor y la cantidad anual que se debe reducir es muchísimo mayor.

Si bien en 2020, debido a lo que ya todos conocemos, la contaminación por CO2 y otros gases de efecto invernadero se redujo alrededor de un 7% con una ventana de posibilidad cierta entre el 2% a 12 % en comparación con 2019, los científicos calcularon que el recorte de emisiones en 2020 se traduce en una reducción de solo 0,01°C en el calentamiento global para 2050. Así, la crisis de la COVID-19 de 2020-2021 solo desencadenó la disminución a corto plazo de las emisiones mundiales y no supondrá una contribución de peso a la reducción de las emisiones para el 2030 a menos que los países aspiren a una recuperación económica que incluya una descarbonización enérgica. Y eso debe suceder de manera rápida y constante.
Volviendo entonces al informe del IPCC, las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de las actividades humanas son responsables de un calentamiento de aproximadamente 1,1 °C desde 1850-1900, y se prevé que la temperatura mundial promediada durante los próximos 20 años alcanzará o superará un calentamiento de 1,5 ºC.
¿Cuáles son y serán las consecuencias en América Central y del Sur?:
- Es muy probable que las temperaturas medias seguirán aumentando a tasas mayores que el promedio mundial.
- Se prevé que la precipitación media cambiará, con aumentos en el noroeste de América del Sur (NWS) y el sureste América del Sur (SES) y disminuciones en el noreste de América del Sur (NES) y el suroeste América del Sur (SWS).
- Es muy probable que continúe el aumento relativo del nivel del mar en los océanos de América Central y del Sur, contribuyendo a un aumento de las inundaciones costeras en áreas bajas (alta confianza) y al retroceso de la costa a lo largo de la mayoría costas arenosas.
- También se prevé que las olas de calor marinas aumenten en la región durante el siglo XXI
El futuro se ve negro: Como dice Greta Thunberg, ya no es tiempo de tener esperanza. Es tiempo de tener miedo. Si, miedo a las consecuencias. Qué ya se ven catastróficas. Si no queremos vivir un apocalipsis ambiental (y no zombie) es momento de actuar AHORA. El miedo nos debe servir para movilizarnos y presionar a gobiernos a cambiar patrones de consumo. Y también para presionarnos a nosotros mismos para modificar nuestros estilos despilfarradores de energía. El tiempo se acaba. Y no es broma.
* Rosciszewski Cortés es Licenciado en Periodismo; Técnico Superior en Gestión Ambiental; Observador Meteorológico de Superficie reconocido por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de Argentina; tiene un Posgrado en Gestión Integral del Cambio Climático por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y es actual tesista de la Maestría en Ambiente y Desarrollo Sustentable de la misma alta casa de estudios.